Cuando llegó a mi casa no me intereso mucho, pues no soy fanático de los animales, solo me conforme con hablarle, gritarle, contarle unos chistes y una tanda de lengüetazos mutuos en las orejas. Ese perro es de mi querida sobrina (de 5 o 10 años), pero por razones de trabajo se tuvo que quedar en mi casa.
Pero en el transcurso de los días empecé a sentir un sentimiento extraño por este animalito de la creación. Es raro pues este can es de raza chihuahueño y no es muy varonil caminar con un perro de esa clase. Me tocó llevarlo al veterinario a que lo vacunaran contra la gripe aviar, creo que era eso, y en el momento antes de que chillara con todas sus fuerzas se me quedó viendo como diciéndome por favor no dejes que este cabron me meta esa madre, y yo con mis ojazos tapatíos le dije no mames cabron es por tu bien. Creo que estas escasas palabras entre ambos fueron las que detonaron un cariño especial, y el que ha hecho de este perro, de tamaño maricón, algo parecido a un supercan porque se le pone al tiro a todos los perros mas grandes que el.
Ahora nuestra relación se basa en insultos cariñosos y caricias bruscas de mi parte, y mordidas inocentes y gruñidos graves de su parte. Su más grande expresión de camaradería es cuando me acuesto a ver televisión y el se sube a mi estómago y se duerme. Hasta al despertar me lame a mi antes que a sus pelotas.
Este perro que no es mi perro ya es un poco mas mi perro.
